EL DEVENIR DE LAS COSAS I He pasado el umbral de mi propio destino. El tiempo y un devenir casi imperceptible de las cosas me obligaron a andar tropezando siempre con el mismo silencio. Un silencio perfecto que me arañaba los ojos y se estaba quieto, como una piedra esperando con la eterna paciencia de la tierra. A que yo regresara de mis juegos. He pasado el umbral y no me quejo. Me he levantado solo, a veces, desde el fango y bebí vino y compartí mi copa con otros labios que después compartieron los míos. No se lo que es volverse porque el cielo me engañaba cada día con un presagio nuevo y no supe buscar mis viejos pasos ni la piedra o el árbol donde estuve llorando en tardes de intuiciones y cansancios. He pasado el umbral y me pesan las ramas que han crecido como hijos subiéndose furiosos por mi c...
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